AP/ La semifinal entre República Dominicana y Cuba es el clásico choque de estilos y filosofías, un encontronazo de las dos potencias latinoamericanas del béisbol profesional y aficionado.
Dominicana interpreta el papel del gigante despiadado, una poderosa máquina ofensiva repleta de millonarios de Grandes Ligas, dos ganadores del premio al jugador más valioso, varios toleteros que le rompen la costura a la pelota, y un pitcher tirafuego galardonado con el Cy Young.
Con figuras como Miguel Tejada y Albert Pujols, ganadores del premio al jugador más valioso en las ligas Americana y Nacional, respectivamente, y el brazo de Bartolo Colón, Cy Young de la Americana en el 2005, cualquier logro que no sea un título sería considerado un fracaso. La ofensiva dominicana también cuenta con David Ortiz, Adrián Beltré, Alfonso Soriano y Moisés Alou, un cuarteto de estelares en las Grandes Ligas.
Cuba es el campeón mundial y olímpico a nivel amateur. Hasta hace días, pocos de sus peloteros eran conocidos por nombre y apellido fuera de la isla, prefieren la línea al jonrón, y su verdadero nivel de juego era un signo de interrogación acentuado por la falta de competencia ante rivales de la mejor calidad.
Pero si algo demostraron los cubanos en las dos primeras rondas del torneo es que el papel es sólo eso, papel, que se comen los pronósticos en el desayuno y se almuerzan a los rivales, sin importar el tamaño.
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