AP/ Cuando los guionistas de Grandes Ligas y el sindicato de peloteros se sentaron a escribir el libreto del primer Clásico Mundial de béisbol dejaron poco al azar y tenían un final de Hollywood en mente.
eter, A-Rod, Clemens y compañía, los chicos patriotas de Estados Unidos, contra Tejada, “Big Papi” Ortiz, Pujols y sus secuaces, la banda del merengue de República Dominicana.
Los creadores del béisbol vs. los príncipes latinoamericanos. Millonarios contra... millonarios.
Todo un cartel de Broadway, de nombres inconfundibles en el universo de astros de las Grandes Ligas. Apellidos de la realeza del béisbol, familiares hasta para el aficionado más ocasional. Imanes de telaudiencia, de venta de boletos al estadio y camisetas.
¿Entonces qué hacen Cuba y Japón en la final? ¿Quién los invitó? ¿Y quién sale ganando con Gourriel, Paret, Lazo, Ichiro y Otsuka en la pantalla chica?
Gene Orza, el mandamás del sindicato de peloteros, fue cuidadoso en su respuesta.
“La ausencia de Estados Unidos no le quita lustre al torneo”, comentó Orza justo antes de que Cuba derrotara por 3-1 a República Dominicana en las semifinales del sábado.
No todos fueron tan diplomáticos.
Tommy Lasorda, el legendario dirigente de los Dodgers de Los Angeles y embajador del campeonato, lamentó la eliminación del equipo estadounidense.
“Fue algo muy malo que Estados Unidos no llegara a las semifinales, porque era un equipo muy bueno”, expresó Lasorda. “Nadie sabe como perdió un equipo tan bueno. Fue una gran sorpresa”.
Bueno, señor Lasorda, en realidad no es tan difícil de entender.
Varios de los mejores jugadores estadounidenses declinaron acudir al torneo, incluyendo al toletero Barry Bonds y los pitchers C.C. Sabathia y Billy Wagner.
Aún así, el roster norteamericano incluía a Roger Clemens, Jake Peavy, Alex Rodríguez, Derek Jeter, Johnny Damon y otras prima donas. Pero como le ha sucedido a los equipos estadounidenses recientemente en competencias internacionales, se dieron cuenta muy tarde que el resto del mundo ya los alcanzó en talento, y hace tiempo los superó en dedicación y esfuerzo.
Los jugadores de la NBA lo hicieron a la mala en los Juegos Olímpicos de Atenas, cuando un equipo de Puerto Rico encabezado por Carlos Arroyo y varios desconocidos aplastó a Lebron James, Allen Iverson y una tropa de megamillonarios.
Ciertamente, Estados Unidos tenía todas las de ganar en la lotería a la final del Clásico, si es que se le puede llamar así.
Su grupo de primera ronda incluía a México, Canadá y Sudáfrica, tres rivales lejos de la élite. Sus cruces en la segunda ronda y semifinales aseguraban que no se toparían con ninguna de las potencias latinoamericanas hasta la final.
Estados Unidos desperdició la oportunidad. Perdió frente a Canadá en la ronda inaugural, necesitó una victoria sobre Sudáfrica para avanzar a la segunda ronda, de donde nunca pasó al caer en el último duelo ante los mexicanos.
Una victoria dulce para México, acérrimo rival de Estados Unidos en el ámbito deportivo, y que también dejó a Estados Unidos fuera del mundial amateur del 2005 al vencerlo en el premundial en Panamá.
La eliminación de Estados Unidos a manos de México puede servir como alarma para los que se tomaron el torneo a la ligera, algo bueno para un campeonato que grita por respeto y que muchos peloteros miraron de reojo como una mera exhibición.
“No voy a decir que estoy sorprendido, pero estoy algo desilusionado”, señaló el dirigente dominicano de los Gigantes de San Francisco, Felipe Alou.
“Creo que si pasa de nuevo con este tipo de torneo, alguna gente, incluyendo a los jugadores que no creían que era serio, van a tener que creer que sí es serio”, agregó.
Dominicana la tuvo más difícil, topándose con Venezuela, Puerto Rico y Cuba en las dos primeras rondas, aunque pocos dudaban de que un equipo con Miguel Tejada, David Ortiz y Albert Pujols en su artillería tuviera problemas para derrotar a cualquier oponente.
En cambio, la pólvora dominicana estuvo mojada de principio a fin, y cuando se miraron al espejo, los de Quisqueya habían perdido ante Cuba en la semifinal.
Quizás sería injusto explicar la llegada de Cuba y Japón a la final con las fallas ajenas.
Después de todo, los cubanos tuvieron la ruta más tortuosa y dejaron en el camino a Venezuela, Puerto Rico y Dominicana, tres de los favoritos, jugando con gran pitcheo y enorme corazón.
Cuba es campeón mundial y olímpico, y si sus jugadores no están en las Grandes Ligas no es por falta de talento o de deseo de su parte, sino por el embargo comercial de Estados Unidos sobre la isla comunista.
Los japoneses son la meca del béisbol asiático, y una potencia a nivel mundial, sin nada que envidiarle a Estados Unidos.
La intención de los organizadores del Clásico es utilizarlo para exportar al deporte al resto del planeta, popularizarlo en lugares donde hoy en día es una mera anotación en la última página de los periódicos.
Con Cuba y Japón de protagonistas, se justifica el nombre de Clásico Mundial de Béisbol. Con Estados Unidos y República Dominicana, sería un simple Juego de Estrellas. |