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Los Dodgers de 1988 y del 2008
Por Angel Torres de Orlando Florida - Los Dodgers Kirk Gibson, Oral hershiser y ahora Manny Ramirez
A pesar de los refuerzos recibidos antes de comenzar la temporada de 1988, los Dodgers fueron señalados por los “expertos”, para finalizar cuartos en la División Oeste de la Liga Nacional. Pero no fue así, ya que inspirados en el agresivo juego de Kirk Gibson y el brazo de Orel Hershiser, se llevaron fácilmente el trapo de su división.

“Ganaron de milagro”, exclamaron los entendidos y “desde luego que no pasarán del quinto partido del playoff cuando se enfrente a los potentes Mets de Nueva York”.

La competencia se extendió al séptimo encuentro y los Dodgers con Hershiser en la lomita, vencieron a sus verdugos durante la campaña regular, con anotación de 6-0.

Sin embargo, al igual que los “Milagrosos” Bravos de 1914 y los “Asombrosos” Mets de 1969, les faltaba a los Dodgers superar la prueba final.

Para ello tenían que batir nada menos que a los toleteros de los Atléticos de Oakland, un equipo con buenos serpentineros, excelente defensa y unos bateadores temibles, encabezados por el cubano José Canseco, quien se había convertido en el primer ser humano en batear 40 jonrones y robarse 40 bases en un solitario torneo, seguido por Mark McGwire, que tenía a su crédito 81 bambinazos en sus dos primeros campeonatos en las Grandes Ligas.

El primer partido comenzó con Debbie Gibson cantando el Himno Nacional de los Estados Unidos y terminó con Kirk Gibson conectando el cuadrangular sobre un lanzamiento de Dennis Eckersley, que produjo la victoria. A mi humilde entender, ahí mismo se definió la trayectoria de la serie, pues los Atléticos no pudieron reponerse de la espectacular derrota.

El resto es historia, porque los Dodgers dirigidos por Tommy Lasorda, con un equipo inferior y lleno de lesionados, pero con más determinación que sus rivales comandados por Tony La Russa, lograron lo imposible y superaron en sólo cinco desafíos a sus poderosos enemigos, contando con la labor monticular de Hershiser y el resto de los lanzadores, incluyendo dos formidables misiones de relevo del dominicano Alejandro Peña.

Una vez más se demostró que el conjunto que presente mejor pitcheo en una serie corta, debe conquistar el triunfo. Cuando hay buenos lanzadores, el bateo desaparece como por encanto. Los Bravos, Metropolitanos y Dodgers de 1914, 1969 y 1988, que habían iniciado las Series Mundiales como un chiste, alcanzaron la cúspide del béisbol, con una llamarada de gloria.

Pero eso ocurrió en 1988 y desde entonces los Dodgers han permanecido alejados del Clásico Otoñal, hasta veinte años después, donde mantienen la fuerte posibilidad de participar nuevamente.

En 1988 los refuerzos llegaron antes de comenzar la justa, pero en 2008, tras el fracaso inicial de Andruw Jones, la primera ayuda de consideración se produjo a fines de julio, con el arribo del tercera base Casey Blake, procedente de los Indios de Cleveland. El nuevo antesalista le proporcionó cohesión al cuadro y alguna estabilidad a la alineación de bateadores.

Sin embargo, el fenómeno que realmente cambió la tónica de un equipo con pretensiones, a una novena con la fortaleza necesaria para capturar el gallardete de la división, arribó a principios de agosto en la figura controversial de Manny Ramírez, un toletero sin cuentos, que ayudó a los Medias Rojas de Boston a finalizar para siempre con la supuesta “Maldición del Bambino” en Boston.

Manny cambió rápidamente la mentalidad entre los jugadores de los Dodgers y les enseñó la forma de producir con el bate, sirviendo como un ejemplo contundente, al pegarle a la bola a un increíble ritmo de .396 con 17 bambinazos y 53 carreras impulsadas en solamente 53 encuentros y 187 veces al bate.

El impacto producido por el ex jonronero de los Medias Rojas, ha causado tanta sensación entre los angelinos residentes en Hollywood y sus alrededores, que ya le llaman a Ramírez, una combinación entre su nombre y el de la meca del cine: Mannywood.

La coherencia que el manager Joe Torre le brindo al equipo, sumado al arribo hacia el final de la temporada de Blake DeWitt y Rafael Furcal, le brindó a los Dodgers, la fuerza necesaria para conquistar el campeonato de la División Oeste de la Liga Nacional y posteriormente barrer con los Cachorros de Chicago en la Serie Divisional, quienes continuaron sufriendo los efectos de la “Maldición de la Cabra”.

Ahora solamente le falta a los inquilinos del Dodger Stadium, superar a los Filis de Filadelfia, para escalar un nuevo peldaño, en la escalera que puede conducirlos a la Serie Mundial, contra el que gane entre los Rays de Tampa Bay y los Medias Rojas de Boston en la Serie de Campeonato de la Liga Americana.

Un pase y una victoria en el Clásico de Octubre, serviría como una feliz culminación a los actos efectuados, para celebrar los 50 primeros años de los Dodgers en la ciudad de Los Angeles, de lo cual hago referencia en el primer capítulo de mi quinto y más reciente libro titulado; “El Legado Deportivo de Angel Torres”.

 

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