Los Heroes Anonimos del Deporte
Por Edwin Kako Vazquez - Hoy estaremos tocando un tema muy interesante relacionado con los atletas olvidados de la suerte y la fama que sirven de escolta a los campeones. Esos campeones siempre se  llevan toda la gloria por que el público se olvida de los méritos de los perdedores. Estos son los que obligan a los vencedores a rendir el máximo de sus esfuerzos.


Ello es así,  público que asiste a los espectáculos deportivos no acierta a comprender nada más que a los ganadores, aunque éstos hallen un rival que no los deje reinar como amos absolutos de estos espectáculos. El público no ha llegado todavía a la etapa del justo avalúo en que se aprende a reconocer el mérito de los perdedores tanto como el de los campeones.
 
Por que si los atletas a quienes le toca en suerte llegar segundos en una competencia colaboran al brillo de los triunfadores espoleándole al máximo esfuerzo, en justicia son acreedores de compartir la gloria y los elogios que únicamente se le dan ahora a los campeones.
 
Sucede con mucha frecuencia que el triunfo no es índice de desequilibrio real en la cantidad de los competidores. Un batazo oportuno en las postrimerías de un partido resulta a veces el factor de ventaja en un duelo de lanzadores en que el derrotado tuvo más destacada aunque no más feliz actuación que el triunfador.
 
Otras veces la son escasas pulgadas las que definen la victoria en competencias de saltos o de tiros o de lanzamientos. Todavía es otras ocasiones unas meras décimas se segundo sirven para distinguir el primero del segundo. Vista y analizada la competencia sin prejuicios del fanatismo, resulta que el triunfo extraordinario se logró por la tenacidad y espíritu combativo del contrario derrotado o por que el campeón proclamado tuvo un poco más de suerte que su adversario.
 
Pero es el caso que al reseñar y comentar la competencia se comete la injusticia de hacer un reconocimiento unilateral al vencedor, relegando al olvido al oponente que obtuvo honores de segundo. Por entender que en muchísimas ocasiones los segundos o escoltas de ganadores valen tanto como los ganadores. Voy a citar un par de casos de los olvidados de la suerte y la fama.
 
En la Serie Mundial de (1949) en que los Yanquis se apuntaron su campeonato mundial (12) al batir al Brooklyn  (4) partidos por (1) presenta un par de caso análogos a los que mencioné anteriormente.
 
Me refiero a los dos primeros encuentros, en el juego inaugural que fue presenciado por 66,224 personas que pagaron la friolera de (313,727.99) por gozar de ese privilegio. Al gigante negro Don Newcombe le tocó la suerte de servirle de escolta al indio Yanqui Allie Reynolds en su hora de triunfo. El lanzador de ébano  permitió solo (5) hits espaciados en igual numero de entradas y no concedió bases por bolas.
 
Además ponchó a (11) Yanquis , tres en ristra en las entradas segunda y quinta. Reynolds fue menos generoso en la concesión de batazos limpios con dos en su contra, pero dio en cambio (4) bases por bolas y abanicó a (9) Esquivadores. Al ser justos se tiene que admitir que Renolds y Newcombe estuvieron a la altura de verdaderos campeones.
 
Pero el batazo oportuno de cuatro bases para decidir el partido estuvo a cargo de Tommy Henrich contra Newcombre justamente en la entrada del cierre decidiendo el marcardor (1-0).
 
La historia se repitió en el segundo partido en que Brooklyn le devolvió la blanqueada a los Yanquis (1-0). Los lanzadores “Predicador” Roe por los Dodgers y Vic Raschi tuvieron un excelente duelo, pero la suerte se fue del lado de los muchachos de Shotton
 
En la segunda entrada la estrella de color Jackie Robinson abrió con doble de línea por el bosque izquierdo, avanzó a tercera en pisa y corre con foul de Hermanski por la línea de primera que cogió el intermedista Coleman en difícil posición y anotó mediante imparable de Gil Hodge.
 
El ganador roe permitió (6) incogibles distribuidos en igual numero de entradas, no dio bases por bolas y sólo un Yanqui llegó a tercera. Raschi también permitió (6) imparables, pero dos de ellos fueron en la misma segunda entrada y la base por bolas  que concedió fue intencional.
 
El otro incogible de Brooklyn fue cargado contra Page, los Dodgers con un incogible más y dos errores más que los Yanquis ganaron ese importante partido y pese a la labor igualmente buena de Roe y Raschi, el mayor crédito amigos se le dio a Roe.
 
Ted Williams del Boston y el bengalés George Kell  (Detroit) son los protagonista de mi último caso. El antesalista Kell ganó al guardabosque Williams el codiciado titulo de bateo individual por el muy escaso margén de dos décimos de puntos 3429 de Kell contra 3427 de Williams. Pero Ted Williams, el segundo, lo aventajó en todo lo demás.
 
Tomo parte en 155 juegos contra 134, anotó más carreras (150) contra (97), bateó más incogibles (194) contra (179), bateó más dobles (39) contra (38), más cuadrangulares (43) contra (3) y empujó más carreras (159) contra (59) Kell bateó (9) triples contra (3) de Williams.
 
He citado el caso de Kell-Williams para demostrar en forma objetiva que la gloria a veces pertenece o debe pertenecer por igual a los campeones y a los segundos. No olvidemos amigos lectores que los atletas que ocupan los segundos puestos son los mejores colaboradores en la gloria de los que ganan la corona de campeones.