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Temporada de Beisbol sin Esteriodes
Por Angel Torres - SE ACABO LA LOCURA OFENSIVA EN EL BEISBOL - La primera temporada supuestamente libre de esteroides, ha sido un éxito artístico y financiero, a pesar de la ausencia de jonrones que caracterizó al béisbol desde el inicio de la década de los años 90. La prueba no puede ser más contundente y la Liga Americana, por primera vez en un lapso de 19 años, desde 1989, cuando Fred McGriff de los Azulejos de Toronto conectó 36 cuadrangulares, el líder de bambinazos del circuito no llegó a los 40 vuelacercas. Miguel Cabrera de los Tigres de Detroit encabezó la contienda con solamente 37 películas de cuatro esquinas.

En la Nacional Ryan Howard de los Filis de Filadelfia disparó 48, seguido por Adam Dunn con 40, quien compartió la campaña entre los Rojos de Cincinnati y los Cascabeles de Arizona. Parece increíble que en la época de la super bola viva fabricada en Costa Rica, solamente dos bateadores en ambas Ligas Mayores hayan superado la barrera de los 40 tetrabases y no queda más remedio que comparar el campeonato de 2008 con el 1998, que fue denominado “El Año del Cuadrangular”, por ser un torneo extraordinario, mancillado posteriormente, al descubrirse que el uso de los esteroides reinaba entre los peloteros de Grandes Ligas.

ImageLa competencia de 1998, sirvió para que aparentemente se cerraran las heridas abiertas durante la huelga del béisbol de 1994. Los fanáticos habían regresado al terruño atraídos por la magia de frecuentes y kilométricos batazos. Los toleteros de poder se aprovecharon, para que un total de 33 jugadores conectaran más de 30 cuadrangulares, incluyendo a 13 que sobrepasaron la marca de 40, dos la de 50 y dos la de 60, aclarando que uno de ellos alcanzó los 70.

Mark McGwire, Sammy Sosa, Ken Griffey y Greg Vaughn, se convirtieron en el primer cuarteto en llegar al medio centenar de películas de cuatro bases. McGwire y Sosa constituyeron el primer dúo en pasar los 60 y McGwire en el primer “Godzilla” en llegar a 70.

Fueron muchos los toleteros que duplicaron o triplicaron, el total de bambinazos que habían logrado con anterioridad en un torneo. Pero aparte de las hazañas de McGwire y Sosa, muchos otros peloteros empataron o lograron récords increíbles, que pasaron desapercibidos debido al duelo de titanes entre esos dos presuntos gladiadores. Por ejemplo: Ken Griffey impulsó 140 carreras por tercera temporada consecutiva, igualando la marca de Babe Ruth y Lou Gehrig. Los Yanquis de Nueva York superaron por tres el récord de 111 victorias alcanzadas por los Indios de Cleveland en 1954.

José Canseco dejó en el olvido, la marca para peloteros latinoamericanos de 379 vuelacercas, alcanzados por el boricua Orlando Cepeda y el cubano Tony Pérez, colocándose a solamente tres homers de los 400. Alex Rodríguez acompañó a Canseco y a Barry Bonds en el Club de los 40-40, Bonds a su vez inició el Círculo de los 400-400.  Entre los lanzadores, el novato Kerry Woods ponchó a 20 bateadores en un partido. Dennis Eckersley participó en 1,071 encuentros durante su carrera, uno más que los logrados por el nudillista Hoyt Wilhelm.

Completando otro ciclo de proezas logradas en 1998, tenemos que Sammy Sosa pegó 20 cuadrangulares en el mes de junio. Rolando Arrojo ganó más juegos con 14, que ningún otro lanzador en un equipo de expansión. Jason Kendall se convirtió en el receptor con más bases robadas en una campaña en la historia del béisbol, superando las 25 de John Stearns en 1978. Cal Ripken completó su hazaña al participar en 2,632 partidos consecutivos. Craig Biggio fue el primero en lograr 51 dobles con 50 estafas.
 
El zurdo Dave Wells se anotó un juego perfecto. Rickey Henderson mejoró su récord de estafas a 1,297. Roger Clemens conquistó la Triple Corona de los serpentineros por segundo año al hilo. Se produjo el triunfo de Orlando “El Duque” Hernández, quien casi saltó de un bote a las Grandes Ligas. ¿Y para que seguir?.

Los fanáticos solamente recordarán, que entre McGwire (70) y Sosa (66) dispararon la friolera de 136 cuadrangulares, sosteniendo un amigable duelo a muerte hasta el final del campeonato en 1998. Es lamentable que se haya perdido el concepto de legitimidad, en una hazaña tan meritoria, pero el campeonato celebrado una década después, bajo la vigilancia sobre el uso de sustancias prohibidas, parece probarlo.

 

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