Beisbol Dominicano La Verdadera Pelota de Beisbol
El Beisbol DominicanoPor Dario Martinez - Peter Gammons podría tener sus razones si dijera que el béisbol que se juega en su país es el de mayor categoría del mundo. Alegaría cualquier cantidad de razones para soportar su teoría, y no dudo que dada su condición de gurú del béisbol, su solo pronunciamiento le agenciaría una legión de convencidos defensores.

Pero Peter Gammons estaría equivocado. Lo mismo que todos los que piensen como él. Yo no me atreveré a decir que nuestra pelota dominicana es la mejor del universo, porque no sé si en Júpiter o en Saturno hay una liga que yo no conozca y sea mejor... pero de que yo sí creo que nuestro torneo de béisbol es mejor que la MLB y las ligas del Caribe y del Oriente asiático, pues sí... yo creo que sí.

 

¿Estoy loco? Puede ser. ¿Las Águilas mejores que los Yankees? Sí, creo que sí. ¿Licey mejor que los mulos del Bronx? Definitivamente. Aún equipos de bajo presupuesto como los Gigantes y los Azucareros, me lucen mucho mejores que equipos débiles de la MLB como los Devilrays de Tampa o los Cubs de Chicago.

Antes de que empiecen a llamar al César Mella o a Pedro Pablo Paredes, reputadísimos psiquiatras dominicanos, permítanme decir que lo que yo creo lo creo en mi íntima convicción. Usted puede estar de acuerdo o no, pero si usted es dominicano y le duele algún equipo del sexteto que nos entretiene, probablemente estará de acuerdo.

La pelota dominicana envuelve en un embrujo magistral en una forma u otra a casi todos los dominicanos, y a los que no (si acaso hay alguno), seguramente son personas terriblemente aburridas, sin razón de ser en la vida, mojigatos empedernidos que no logran abrazar la menor de las pasiones... en resumen: a quien no le gusta nuestra pelota debería pagar 25% de ITEBIS, e impedírsele alcanzar orgasmos mientras dure cada torneo.

Una de las primeras preguntas de rigor que se le debe hacer a un pana que recién uno conoce es "¿de qué equipo tú eres?"... O, como hago yo: "¿Tú eres inteligente o liceísta?". Hay un sentimiento de comunidad que se forja entre los que comparten la afición por el mismo equipo. En la calle, he visto muchas veces que un conductor (sobre todo taxi o de concho) se atraviesa frente a mí y tengo que frenar, y dependiendo de la banderita que cargue, lo perdono (si es aguilucho) o le digo un "tenía que ser un mardito liceísta, ¡anormal!".

Lo mismo que con las parejas... no hay vaina más complicada que tener una novia de otro equipo, porque no se puede dar cuerda, hay que estar pendiente del desempeño de su equipo para saber cómo entrarle al día siguiente... sé de casos en los que el acceso a la concavidad intrapiernosa puede estar supeditado a la victoria del equipo de la dueña de la concavidad, o a la derrota del equipo del dueño del instrumento que se quiere introducir en la concavidad. ¿Hablé claro? Por suerte que ese no es mi caso actualmente.

La pelota nuestra es pasión y guerra deportiva, es un arcoiris de devoción del que cada uno escoge un matiz para llevarlo y exhibirlo tanto en lo privado como en lo público. Y se habla de religiosidad, de apego, de entrega... y al final del mes de enero que uno de los colores sea el rey.

Cuerdas van y cuerdas vienen. Llueven análisis, sobran argumentos, abundan teóricos que defienden sin tregua sus convicciones, se crean mofas que luego se hacen leyendas reciclables en el próximo torneo. Corre la cerveza, el romo o simplemente el agua pero nunca la sangre (porque tenemos algo más de civilidad que los hooligans del fútbol). El béisbol dominicano acaba de empezar y nos esperan tres meses donde la Reforma Constitucional es una noticia sin importancia y la política deja de ser la protagonista de nuestras conversaciones y pasa a ser lo que siempre ha sido: un chiste de mal gusto que también se recicla (penosamente todo el año).

Bienvenida nuestra pelota, el analgésico que amengüa nuestros problemas, el soporífero deportivo que nos distrae y nos ayuda a pensar por tres meses que la vida se reduce a seis colores, a recorrer 90 pies cuatro veces, más veces que el contrario y sobre todo, a divertirnos en el camino.

Bienvenido siempre el mejor béisbol del universo (mientras no aparezca un play en Júpiter o unas líneas de cal en los anillos de Saturno)

 

El Béisbol Dominicano