Lanzador Ruben Gomez Puerto Rico
Por: Edwin Kako Vazquez - "RUBEN GOMEZ LA ANÉCDOTA DE VERACRUZ"
 
Buscando como siempre cosas históricas de béisbol para ustedes, amigos lectores encontré una gran anécdota que le ocurrió al gran lanzador boricua, fallecido RUBÉN "EL DIVINO LOCO” GÓMEZ, en VERACRUZ.

En una entrevista hecha por JOAQUÍN MONSERRATE MATIENZO, ex-presidente de la LIGA DE BEISBOL PROFESIONAL DE PUERTO RICO, nos cuenta cómo fue que sucedió dicha anécdota, que quedó sembrada en el corazón del lanzador boricua. La historia se origina cuando RUBÉN jugaba con el VERACRUZ en la LIGA MEXICANA.

Una tarde, mientras le limpiaba los zapatos un joven limpiabotas, este le ofreció unos billetes de lotería, cuyos números casualmente terminaban en 22, el número que usaba el legendario lanzador boricua, Rubén compró los billetes por cooperar con el muchacho, sin darle más atención al asunto, se echó los mismos distraídamente al bolso, mientras continuaba charlando con los fanáticos que lo rodeaban. Dos días después, el limpiabotas vio pasar a RUBÉN y acto seguido, lo llamó diciéndole: “SEÑOR USTED SE PEGO CON UNO DE LOS PREMIOS MAYORES”. Para colmo el lanzador boricua no se acordaba ni del lugar en donde había guardado los billetes, pero el muchacho limpiabotas se lo recordó.

Seguidamente RUBÉN GÓMEZ le dio los billetes al muchachito para que este fuera a cobrar el premio. Para sorpresa, el limpiabotas regresó con una bolsa de papel llena con 30,000 pesos mejicanos.

RUBÉN quiso darle la mitad del dinero al muchacho limpiabotas y éste, con gran dignidad, rehusó aceptarlos, ante la negativa, el boricua fue a la casa humilde donde vivía la familia del muchacho. Los padres no aceptaron el dinero diciendo: “NO PODEMOS ACEPTAR REGALIAS, NUESTRO HIJO HIZO SU TRABAJO Y USTED PAGÓ POR SU BILLETE”. ¡Waooo!, que ejemplo de honorabilidad de estas personas humildes, arropadas por la decencia.

De esta manera, RUBÉN GÓMEZ fue al banco de VERACRUZ y le abrió una cuenta al niño, de ahorros de fideicomiso, por 15,000 pesos mexicanos, dinero que se le debía aguantar al niño hasta que cumpliera los 18 años, y se usarían para pagar sus estudios. Años más tarde, un atardecer llegó al estadio HIRAM BITHORN un prominente médico mexicano a procurar al lanzador boricua diciendo: “¿DÓNDE ESTA DON RUBÉN GÓMEZ”. Cuando llevaron al galeno al solitario camerino, éste vio en una banqueta de esquina a un pelotero, poniéndose una camisa con el número 22 en la espalda.

Inmediatamente reconoció a aquel hombre enjuto, que aún conservaba la misma figura atlética de décadas atrás, no pesaba ni una onza ni una onza menos. La única diferencia que observó el galeno mexicano, fueron sendas arrugas en la cara del pelotero, evidentemente producidas por las miles de horas de exposición al sol del fuego del CARIBE. El pelotero le preguntó al visitante: ¿TU QUIÉN ERES?, se podrán imaginar, el distinguido visitante no era otro que aquel limpiabotas mexicano, que había venido expresamente a PUERTO RICO a rendir tributo y darle un abrazo de agradecimiento al hombre que le puso en el camino del éxito.

Al paso del tiempo, al camerino comenzaban a entrar otros peloteros y éstos vieron algo nunca vistos por ello, vieron al aguerrido lanzador con coraza de hierro y corazón de oro, secándose las lágrimas de los ojos.

“ESTE PELOTERO NO ERA OTRO, QUE EL VERDADERO RUBÉN GÓMEZ, EL MAS FEROZ COMPETIDOR QUE EL BEISBOL DE PUERTO RICO HA TENIDO, QUE EN PAZ DESCANSE”.

 

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