Ganar Juegos de Beisbol Sin dar Hits
Por Angel Torres - Los Dodgers se convirtieron en el cuarto equipo en la historia antigua y moderna de las Grandes Ligas, que gana un partido sin conectar un sólo hit en menos de nueve entradas, por no haber ocupado su turno al bate en la segunda parte del noveno, al propinarles una espesa lechada de 1-0, a sus vecinos los Angelinos de Los Angeles y Anaheim.

Lo curioso es que en dos de esos encuentros, los Dodgers han salido beneficiados. El primero ocurrió en junio 21 de 1890 en la época de las patillas y los bigotes largos. En esa ocasión, la víctima de las circunstancias fue Charles "Silver" King, del Chicago en la Players League y los afortunados los Dodgers de Brooklyn, que en aquel momento respondían por el nombre de "Bridegrooms". Los Dodgers no participaron en los dos siguientes.

En julio 1 de 1990, Andy Hawkins de los Yankees de Nueva York dejó sin imparables a los Medias Blancas de Chicago, perdiendo 4-0. Con dos outs en la segunda parte del octavo, Hawkins concedió dos bases por bolas, seguidas por dos costosos errores del antesalista Mike Blowers y los jardineros Jim Leyritz y Jesse Barfield, que costaron las anotaciones. La marfilada de Blowers, fue sobre un roletazo del dominicano Sammy Sosa y las otras dos sobre batazos de Robin Ventura y del boricua Iván Calderón.

El 12 de abril de 1992, el ex zurdo de los Dodgers, Matt Young y Roger Clemens de los Medias Rojas de Boston, se combinaron para permitir solamente dos hits entre los dos, durante una doble jornada, imponiendo una marca de Grandes Ligas. El Cohete ganó el segundo partido 3-0, pero en el primero, Young cargó con una increíble derrota por anotación de 2-1, a pesar de no permitir a ningún jugador de los Indios de Cleveland pegarle un imparable. La debacle comenzó cuando el zurdo transfirió al veloz Kenny Lofton en el primer episodio, quien se robó la segunda y tercera almohadillas, anotando posteriormente mediante un error del parador en corto Luis Rivera. En el tercero, Young caminó a los dos primeros bateadores, que avanzaron por dos jugadas de preferencia, preparando el terreno para la segunda anotación.

El cuarto es la lista se produjo el pasado sábado 28 de junio de 2008, cuando Jered Weaver lanzó durante seis entradas para los Serafines, combinándose con el dominicano José Arredondo, que se encargó de los bultos postales en el séptimo y octavo, para dejar a los atribulados, pero dichosos Dodgers en cero hit, pero con una carrera anotada, por un error de fildeo del propio Weaver, que, con un out en la quinta entrada, permitió que Matt Kemp llegara a la primera base, mediante un machucón cerca del montículo, que no pudo levantar del suelo. El anotador oficial Don Hartack, tras pensarlo dos veces, calificó la jugada como error.

Como consecuencia trágica para los Aureolados, Kemp se estafó la cámara intermedia, siguió hasta la tercera por un error en tiro del receptor Jeff Mathis, anotando con un elevado de sacrificio de Blake DeWitt. A pesar de que la carrera fue sucia, los Dodgers se impusieron, 1-0, para beneficio de sus lanzadores, Chad Billingsley, Jonathan Broxton y el japonés Takashi Saito, que permitieron cinco indiscutibles entre los tres.

Pero eso no es todo, porque recurriendo a mi libro "The Baseball Bible", pude ampliar éste recuente histórico, referente a otros tópicos relacionados con la misma hazaña. Son pocos los que saben o recuerdan, que los Dodgers se vieron involucrados en otros dos desafíos, donde no pudieron conectar de hit en los nueve primeros episodios, para ganar espectacularmente ambas contiendas en el décimo capítulo.

El 15 de abril de 1909, marcó el primer juego de la temporada de los Gigantes en el Polo Grounds de Nueva York, donde Leon Ames de los locales se enfrascó en un tremendo duelo contra Irving Wilhelm de los Dodgers de Brooklyn. Ante el asombro de los presentes y ausentes, Ames se mantuvo 9 1/3 de entradas sin permitirle hit a los visitantes, hasta que Whitey Alperman le pegó un lineazo de una base, que inicio una debacle para Ames que perdió el encuentro 3-0, a pesar de la gran proeza realizada.

El 26 de julio de 1991, el derecho Mark Gardner de los Expos de Montreal, se convirtió en el primer serpentinero en propinarle un partido sin hit a los locales en su patio, desde que Johnny Vandeer Meer lo hizo contra los Dodgers en Brooklyn el 15 de junio de 1938. Sin embargo los Dodgers vencieron a Gardner en el décimo, 1-0, al dispararle dos sencillos y un tercero decisivo de Darryl Strawberry al relevista Jeff Fassero. Este desafío será recordado para siempre, porque al día siguiente el nicaragüense, Dennis Martínez de los canadienses, se anotó un juego perfecto frente a los Dodgers 2-0.

Pero no crean que los Dodgers se encuentran invictos en eso de obtener victorias a pesar de no pode conectar hits, porque en agosto 1 de 1906, el derecho Harry McIntyre de los Dodgers, alcanzó el pináculo de la gloria, cuando lanzó durante 10 2/3 entradas en el Washington Park de Brooklyn, sin que los bateadores de los Piratas de Pittsburgh, lograran descifrar sus disparos hacia el plato, hasta que el techo se desplomó sobre su cabeza en el onceno, debido a un sólido imparable disparado por Claude Ritchie. Finalmente, McIntyre, a quien solamente pudieron batearle cuatro indiscutibles, salió derrotado 1-0 en 13 capítulos.

Pero existe otro ángulo, que parece haber sido ignorado por la prensa, con relación al dúo Weaver-Arredondo y es que en otras dos oportunidades, dos o más pitchers que se han combinado para anotarse un encuentro sin permitir imparables, han sido derrotados: El 30 de abril de 1967, el zurdo Steve Barber y Stu Miller de los Orioles de Baltimore, se acoplaron para perder 2-1 en Baltimore, a pesar de no admitirles inatrapables a los Tigres de Detroit, al permitir dos anotaciones en el noveno sin pegar hit, por bases por bolas concedidas a Norm Cash y Ray Oyler, sacrificio del serpentinero Earl Wilson, un lanzamiento descontrolado que provocó la primera carrera y transferencia a Mickey Stanley, que marcó la salida de Barber y la entrada de Miller.

Entonces, Don Wert conectó un roletazo por el campo corto que fildeó el torpedero venezolano Luis Aparicio, que tiró a la segunda base en lo que pudo ser el tercer out del inning, pero el camarero y siempre seguro defensor del campo corto, Mark Belanger, jugando una posición que no era la suya, cometió un error al pifiar la bola, dejando sobre el terreno a los Oropéndolas.

Un acontecimiento a veces olvidado por los libros de récords, se efectuó el 26 de mayo de 1956 en Milwaukee, cuando John Klippstein, Hershey Freeman y el ex Dodger Joe Black de los Rojos de Cincinnati, no les permitieron hits a los Bravos durante 9 2/3 entradas, antes de perder 2-1 en el onceno. El choque estaba empatado a una, porque los Lupulosos habían anotado una carrera sin la sombra de un imparable en el segundo. En el décimo, Jack Dittmer rompió el maleficio con un doble después de dos outs. El nefasto desenlace se produjo en el onceno, por triple de Hank Aaron aprovechando un lanzamiento del perdedor Black, seguido por un sencillo de Joe Adcock por el cuadro que no le permitió a Aaron moverse de la antesala y un obús decisivo de Frank Torre Al final de cuentas, los Dodgers se encuentran con marca de 4-1, en los juegos donde han participado, en que los ganadores han sido los que han sufrido la ignominia de no poder conectar un indiscutible.

 

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