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Por Maria Judith Caraballo - UN LEGADO DE UNION ENTRE PAISES La celebración de la Serie del Caribe 2007 celebrada en nuestra patria, dejó claramente establecido que el béisbol mantiene aún miles de seguidores en toda la América Hispana. Esto es así, a pesar de las muchas manifestaciones y expresiones de pesimismo que existen de que ha mermado la afición hacia este deporte en varios países, tal como lo es el caso de Puerto Rico. Pero, a pesar de esto, la realidad fue distinta, ya que fueron cientos de fanáticos los que siguieron hasta la isla de Borinquen a los equipos campeones de sus respectivos países participantes. República Dominicana, Venezuela, México, y por supuesto, nuestra representación boricua, los Gigantes de Carolina, que se convirtieron rápidamente en uno de los favoritos a vencer en esta Serie al igual que la representación de la Republica Dominicana, las Águilas Cibaeñas. A pesar de que el torneo se perfilaba como uno muy balanceado, según se iban definiendo los respectivos campeones, la realidad fue que desde el primer día de competencia ya se perfilaban como los favoritos, estos dos equipos. Los equipos representativos de estos dos paises, junto a su gran fanaticada demostraron una entrega total y compenetración que considero que fueron los elementos más importantes de la Serie. El corazón de cualquier espectador se compungía de la emoción ante el despliegue de patriotismo que evocaban estas dos fanaticadas. Ese fue, a mi entender lo mejor de la Serie, el respaldo del fanático con un calor y entrega difícil de explicar, solo había que estar allí físicamente y sentirlo. La Celebracion de la Serie del Caribe 2007
Se jugó buen béisbol, el picheo fue determinante en varios juegos, así como jugadas claves que adornaron y llenaban de satisfacción al público, el espectáculo fue a todo dar. Puerto Rico se paralizó durante esos días, sólo se hablaba del juego de la noche anterior o del que se iría a celebrar durante ese día. En las Plazas Públicas, Agencias de Gobierno, Comercios, nos encontrábamos con personas, que opinaban sobre ésta o cual jugada, de que si el dirigente debió haber hecho ésto y no aquello, es así amigos, nos volcamos a la época en que este deporte era el Rey de Borinquen. Las derrotas de México afectaron la lucidez del espectáculo, pero el fanático lo olvidó para concentrarse en el juego más esperado, el juego final ante República Dominicana y Puerto Rico. Resultó muy raro que aunque ya se había definido el ganador del torneo, este juego logró despertar más interés y entusiasmo debido a que todos estábamos a la expectativa de si finalmente los boricuas podían borrar de su historial en estos Clásicos las derrotas sufridas ante Dominicana en los últimos años. Y este amigos fue el juego de la Serie del Caribe más esperado, el Clásico del Clásico, así lo llamé. Y finalmente Puerto Rico dió muestras de su gran cría, presentando un espectáculo de primera, aunque ya no tenía opciones de ser campeón, su orgullo patrio era más fuerte y su coraje para darle este gran regalo a su público, obtener la tan esperada victoria ante Dominicana. Difícil de olvidar amigos, lo que allí vivimos.Por otro lado, la hermandad que se manifestó entre los cientos de periodistas que allí se dieron cita tratando de no perderse ni un detalle de todo lo que acontecía, nos llevó a establecer y fortalecer aun más los lazos de cariño y amistad con nuestros países hermanos. Los boricuas trataban de hacer sentir tan bien a los visitantes que dieron muestras de cariño y dejaron de manifiesto de porqué nos consideran como un país hospitalario. Definitivamente cerró el telón, pero nos dejo atrás un gran legado, somos más que amantes del béisbol, somos un solo pueblo, una sola bandera, somos hermanos. Por Maria Judith Caraballo de Puerto Rico |