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Por Angel Torres - Cuando Joe Torre no aceptó contrato de los Yanquis de Nueva York firmaron para sustituirlo a Joe Girardi hace un año, el ex inicialista y entrenador del equipo, Don Mattingly fue pasado aunque parecía que estaba en línea para timonear a sus queridos Mulos de Manhattan. Pero no tuvo pensarlo dos veces para aceptar seguir los pasos de Torre a Los Dodgers de Los Angeles. Después de una corta ausencia debido a una situación familiar, regresó con ellos para aclimatarse a la Liga Nacional.
A los fanáticos que desconocen la clase desplegada por Mattingly, durante sus años en las Grandes Ligas, les contaré que aprovechando la primera visita de los Yanquis al estadio de Anaheim durante la temporada de 1984, bajé al terreno de juego, con el objeto de tomar algunas fotos para mi libro "La Biblia del Béisbol" y de paso averiguar si se encontraba presente, el inicialista y jardinero Orestes Destrade, quien aparecía en la guía de prensa del conjunto representativo de la ciudad de los rascacielos con el número 23.
Durante las prácticas antes del partido, son muchos los peloteros que solamente usan el número en las camisetas, sin aparecer sus nombres. Al fin divisé al jugador con el número 23. Me acerqué y lo saludé: "¿Como estás Destrade?". En ningún momento dudé que se tratara del novato cubano, pues el pelotero trigueño y bigote negro, parecía de todo menos sajón. El individuo se volvió hacía mí y amablemente me respondió: "Yo no soy Destrade". "Perdón", le contesté. "Al ver el número 23 en su uniforme, pensé que...".
"Que yo era Destrade", terminó diciendo el jugador con una sonrisa en los labios.
Y enseguida pasó a explicarme que Destrade había usado ese uniforme durante la temporada de entrenamiento y que al permanecer en las Ligas Menores, entonces él había cambiado su número que era el 46 por el 23. Sin saber qué hacer, después de haberme equivocado tan sonoramente, le pregunté si podía tomarle una foto y al responderme afirmativamente, así lo hice sin siquiera saber de quien se trataba.
Una media hora después, me disponía a buscar a la nueva sensación del equipo, al novato Don Mattingly, para retratarlo y hacerle algunas preguntas, pero este se encontraba corriendo por los jardines y decidí subir al palco de prensa sin esperar su regreso. Lo primero que hice fue averiguar el nombre del pelotero a quien había confundido con Destrade y cual no sería mi sorpresa, al enterarme que el número 23, no era otro que Mattingly. "Caramba", me dije, "este señor es un caballero, porque no se enojó por confundirlo con un jugador latino de los circuitos menores, sobre todo en una época de engreídos.
Es notorio que una gran cantidad de los modernos peloteros del béisbol, miran alrededor sobre sus hombros, creyéndose verdaderos dioses e inclusive a muchos de ellos cuesta trabajo entrevistarlos. Lo más notable es que su uniforme con el número 23, fue retirado al momento de anunciar oficialmente su retiro del béisbol, el miércoles 22 de enero de 1997, uniendo de ese modo su nombre al de otras 14 luminarias de los Yanquis, que habían obtenido igual distinción hasta ese momento, como: Billy Martin (1), Babe Ruth (3), Lou Gehrig (4), Joe DiMaggio (5), Mickey Mantle (7), Bill Dickey y Yogi Berra (8), Roger Maris (9), Phil Rizzuto (10), Thurman Munson (15), Whitey Ford (16), Elston Howard (32), Casey Stengel (37) y Reggie Jackson (44).
Y muy merecido, porque Mattingly además de terminar su carrera con .307 de average, 222 películas de cuatro esquinas y 1,099 impulsadas, ganó nueve veces el guante de oro como primera base, fue seis veces seleccionado para el Juego de Estrellas, campeón de los bateadores con .343 en 1984 y Jugador Más Valioso en 1985, cuando lideró la Liga Americana con 145 carreras empujadas y 48 dobletes, sumado a .324 de promedio ofensivo y 35 cuadrangulares. Todo esto sin contar sus marcas de jonrones establecidas en 1987. Lo único que no pudo hacer, fue el participar en una Serie Mundial, creando un paralelismo increíble con los cubanos Orestes "Minnie" Miñoso y Rafael Palmeiro, el panameño Rod Carew, el dominicano Julio Franco y los estelares Andre Dawson y Ernie Banks.
Mattingly debutó con los Yanquis en 1982, un año después que el conjunto había participado en un Clásico Otoñal frente a los Dodgers de Los Angeles y no jugó en 1996, cuando la novena participó nuevamente en una Serie, ésta vez contra los Bravos de Atlanta. Miñoso patrulló los jardines durante casi toda su carrera con los Medias Blancas de Chicago, pero no estaba con ellos, cuando asistieron al Clásico frente a los Dodgers en 1959.
El martes 29 de septiembre de 1987, Mattingly superó con seis la marca anterior de cinco cuadrangulares con las bases llenas en una temporada, establecida por Ernie Banks de los Cachorros de Chicago en 1955 e igualada por Jim Gentile de los Orioles de Baltimore en 1961. Ese año Banks que se encontraba en su tercer año como torpedero de los Lobeznos, finalizó al frente de los jonroneros con 44, una de las cinco veces que logró disparar más de 40 en una campaña. Para Gentile su día inolvidable en 1961, lo constituyó el 9 de mayo.
En esa fecha, se anotó un par de vuelacercas con las almohadillas congestionadas, para imponer dos récords de Grandes Ligas y ayudar a una fácil victoria de los Oropéndolas de 15-5 sobre los Mellizos de Minnesota.
El 18 de julio del histórico 1987, Mattingly se anotó un bambinazo en su octavo partido consecutivo anotándose cuadrangulares, empatando lo realizado por Dale Long de los Piratas de Pittsburgh en 1956. La víctima del inicialista de los Yanquis, fue el puertorriqueño José Guzman de los Vigilantes de Texas. Sin embargo, ese día la felicidad no fue completa, pues los Llaneros derrotaron a los residentes de la Gran Manzana, con anotación de 7-2, apoyados en un home run de tres carreras del boricua Rubén Sierra. La racha de Mattingly comenzó el 8 de julio en Minnesota, cuando le pegó un tetrabase a Mike Smithson con dos compañeros a bordo.
Lo curioso es que todos los periódicos de la nación, se limitaron a publicar que Mattingly había igualado el récord de Long, pero sin dar más detalles acerca del ex primera base de los Bucaneros. Y es que pocos recordaban a este antiguo jugador de los Piratas, a no ser por la hazaña que llevó a cabo. Todo comenzó el 19 de marzo de 1956, cuando Long ya tenía 30 años de edad y se encontraba a más de la mitad de una carrera sin colorido alguno, la que comprendió 10 campeonatos con seis novenas diferentes, desde 1951 hasta 1963, ya que no participó en 1952 y 1953.
En la fecha antes mencionada, le envió una pelota por sobre las vallas anunciadoras al zurdo Jim Davis de los Cachorros de Chicago, en el Forbes Field de la ciudad de los humos. El octavo vuelacerca en igual número de encuentros, se lo disparó a Carl Erskine de los Dodgers de Brooklyn, el viernes 29 de mayo, enviando la esféride sobre la cerca ante el delirio de 32,221 aficionados.
En honor a Mattingly, quien nació el 20 de abril de 1961 en Evansville, Indiana, se puede agregar que el año que conquistó el galardón como Jugador Más Valioso de la Liga Americana en 1985, lo consiguió a pesar de no jugar para el equipo ganador, hazaña no realizada en el circuito desde 1978, cuando Jim Rice de los Medias Rojas de Boston, alcanzó igual distinción
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