Por Angel Torres - El próximo 14 de julio, aprovechando el Juego de Estrellas que se celebrará en el año final de existencia del viejo Yankee Stadium, que será sustituido por un nuevo parque en 2009, se venderán más de 140 objetos pertenecientes al fallecido ex receptor de los Yanquis de Nueva York, Thurman Munson, incluyendo sus anillos de Serie Mundial, el trofeo que le fue otorgado como el Jugador Más Valioso de la Liga Americana, su Mercedes Benz convertible y el uniforme que usó por última vez antes de la catástrofe aérea que le costó la vida en 1979. Igualmente serán subastados, la chaqueta que Lou Gehrig utilizó en el juego final de su racha de 2,130 desafíos consecutivos, la pelota del jonrón número 712 conectado por Babe Ruth, uno de los bates utilizados por Jackie Robinson y parte de la colección del ex lanzador zurdo Whitey Ford.
Los fanáticos al deporte de las bolas y los strikes, recordarán el próximo 2 de agosto de 2008, que se cumplirán 29 años del dramático accidente de aviación, que pusiera fin a la existencia de Munson, quien continúa siendo un líder para los inquilinos de la Gran Manzana. Su cubículo en una esquina del camerino de los Mulos de Manhattan, contiene apenas una silla vacía, un espejo y encima de éste, una placa que exhibe su número 15 ya retirado, con lo que se unió a otras figuras prestigiosas de la novena cómo Babe Ruth (3), Lou Gehrig (4), Joe DiMaggio (5), Mickey Mantle (7), Bill Dickey y Yogi Berra (8), Whitey Ford (16) y Casey Stengel (37).
Nadie ha podido olvidar como su Cessna de dos motores, se estrelló cerca del aeropuerto de Akron-Canton, cuando aprovechando un día libre, el capitán de los Yanquis de 32 años de edad, practicaba despegues y aterrizajes cerca de su hogar en Ohio. Desde entonces más de treinta jugadores han actuado como catchers con el equipo más exitoso del béisbol, pero ninguno con la excepción de Jorge Posada, ha tenido el efecto del aguerrido Munson, quien en 1977 y 1978, ayudó a que los Yanquis ganaran Series Mundiales consecutivas, siendo los últimos en lograrlo hasta que los Azulejos de Toronto lo hicieran en 1992-1993 y los propios neoyorquinos en 1998, 1999 y 2000
El inolvidable gladiador fue seleccionado por los inquilinos de la Gran Manzana, en la primera ronda del sorteo de agentes libres en 1968, convirtiéndose en una figura perenne detrás del plato y en 1976 fue nombrado el primer capitán de la novena desde Lou Gehrig. Durante su corta carrera de 11 años, jugó en 1,423 encuentros (1,278 de ellos como receptor). Su promedio ofensivo fue de .292 con 113 jonrones y 701 carreras impulsadas en 1,423 partidos. Lo seleccionaron el Jugador Más Valioso de la Liga Americana en 1976 y Novato del Año en 1970. Ganó tres Guantes de Oro, remolcó 100 o más carreras en tres años consecutivos, lo seleccionaron siete veces para participar en el Juego de Estrellas.
Le pegó a la pelota a un ritmo de .339 en las Series Divisionales, .373 en los tres Clásicos Otoñales en los que participó, incluyendo .529 en el de 1976, a pesar de que fueron barridos por la Gran Máquina Roja de Cincinnati dirigidos por Sparky Anderson. Sin embargo su valor para los neoyorquinos iba más allá de las estadísticas, pues siempre hallaba la manera de empujar a un corredor para decidir un desafío. Billy Martin, quien fue el dirigente del conjunto durante los mejores años de Munson, lloró como un bebé cuando le informaron acerca de su muerte. “En la historia del equipo los mejores catchers han sido Bill Dickey, Elston Howard, Yogi Berra y Munson”, comentó Martin.
El mandamás del equipo, sintió su ausencia de inmediato. En el primer encuentro de los Bombarderos del Brown tras su muerte, Jerry Narron, que fue el receptor que sustituyó a Munson, bateó de 2-0, antes de salir por el bateador emergente Oscar Gamble. Entonces Brad Gulden se puso los arreos por el resto de la noche, siendo ese el patrón seguido durante el resto de la campaña. Al momento de la tragedia, Munson se encontraba acompañado por dos amigos, quienes a pesar de escapar con lesiones leves, les fue imposible rescatarlo de la avioneta envuelta en llamas, porque él había quedado paralizado al golpear con su cabeza el panel de control de la nave. La razón de haber perdido su movilidad, es que se había fracturado la espina dorsal, por la contundencia del golpe recibido.
Lo peor según informaron sus acompañantes, fue que él permaneció conciente de lo que estaba ocurriendo, hasta que murió debido a las inhalaciones de humo y substancias tóxicas que le rodearon. El 20 de septiembre de 1980, los Yanquis colocaron una placa en el Jardín de las Memorias en el área del campo central en el Yankee Stadium, un lugar de maravillas que visité en 1996, cuando fui a cubrir la Serie Mundial junto a Ulpiano Cos Villa y Tito Fuentes para Fox Sports Américas, en unión de Prime Deportiva y Major League Baseball. Quizás lo más triste relacionado con el accidente, fue que Munson compró la avioneta, para que le fuera posible visitar a su familia los días libres.
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