Duelo entre Don Hoak y Fidel Castro

Por: Edwin Kako Vazquez - Hoy emprenderemos otro viaje al pasado tocando esa fibra íntima que distingue al deporte llamado béisbol. Los relojes del tiempo marcan el año (1950-51) en la llamada región del Caribe conocida como “La Perla de las Antillas”, Cuba. Su capital la Habana una bella ciudad con espléndidos parques y artísticos edificios que guardan el recuerdo de la época española.
 
A pesar que Cuba ha padecido de funestas dictaduras y de momentos no muy gratos el béisbol ha servido como un ente socio-deportivo para aliviar al carácter de la cubanidad. Desde su inicio en el siglo pasado en los años de (1865-1866) el béisbol se ha convertido en una tradición de abolengo cultural en el diario vivir de la multitud cubana.

Dentro sus parajes beisbolisticos existen peloteros que han escrito páginas doradas en este deporte a nivel intramural e internacional dándole ese toque de prestigio incuestionable a la isla. Existen historias y hechos que han pasado de generación en generación que definen y perpetúan al béisbol cubano como único y sin igual.

Al desmenuzar esas grandes historias encontré una muy interesante donde los actores principales del reparto están representados por Don Hoak (Pelotero Estadounidense) y Fidel Castro (estudiante graduado de leyes).

Don Hoak llega a Cuba para reforzar al equipo de Cienfuegos en la temporada invernal (1950-51). Como jugador de Ligas Menor en Estados Unidos este pelotero había sido uno de los mejores pagados. En las menores recibía (800) dólares mensuales antes de decidirse a ir a Cuba.

El Cienfuegos como parte del contrato le pagaría la suma de (1,000) mensuales, (350.00) para gastos y un lujoso apartamento con mucama y guardia de seguridad en el elegante Club Náutico cerca de la Habana.

En otras palabras el pelotero americano además de jugar béisbol viviría cómodamente como si fuera un rey durante la temporada invernal. Ahhh, se me olvidaba, en su tiempo libre jugaba golf, gustaba de ir a bucear y pescar langostas. En la otra cara de la moneda nos encontramos a  los estudiantes de la Universidad de la Habana que no se cansaban de hacer sus  manifestaciones políticas.

Como dato curioso muchas de estas manifestaciones eran hechas en el parque de béisbol interrumpiendo los partidos. Sencillamente ellos bajaban de las tribunas cargando toda su propaganda que incluía pancartas alusivas, pitos, bocinas y fuegos artificiales.

Estas demostraciones duraban unos 15 minutos y luego los manifestantes volvían a sus lugares en las tribunas. El dictador Fulgencio Batista de turno en el poder toleraba estas maquinaciones por que no representaban ningún peligro para su persona. En muchas ocasiones el se encontraba en el parque sentado en las tribunas junto a sus guarda espalda observando los acontecimientos con una sonrisa a flor de piel.

La pieza más importante de estos movimientos era un joven llamado Fidel Castro que acababa de graduarse de leyes sirviendo como líder intelectual de las manifestaciones. Era una especie de argumento social que a la postre se reproduciría trayendo unos resultados que se pondrían de moda más adelante en la historia de Cuba.

Siguiendo con Hoak este se enfrentaría a Fidel Castro en un juego nocturno entre el Marianao y el Cienfuego. Según data la historia como para la quinta entrada del partido el juego fue parado como era usual para que los manifestantes hicieran su circo. Al terminar su demostración todo volvía a la normalidad tocándole el turno para batear a Hoak que esperaba fuera del cajón de los bateadores las órdenes del árbitro proseguir el partido.

Esa noche la demostración tomaría otro giro con Fidel Castro invadiendo el terreno de juego. Castro caminó hacia la goma de lanzar y le pidió el guante al lanzador del Marianao que abandonó el terreno de juego sin decir nada.

Hoak observaba a Castro alto y delgado sin espejuelos, lucía una mini barba, llevaba puesta una camiseta blanca por fuera del pantalón y unos zapatos negros. Con el guante ya puesto Castro le hace una señal la receptor de Marianao  el veretrano Mike guerra que había jugado en las Grandes Ligas con los Senadores del Washington y Atléticos de Filadelfia.

Con la escena preparada y Castro comienza a calentar mientras Hoak no cree lo que esta pasando y disfrutaba de todos los lanzamientos que el gran lanzador tiraba. Al terminar de calentar y para asombro de Hoak el susodicho lanzador le da entender que se meta en la caja de bateo.

Los estudiantes al ver esto comienzan a arremolinarse fuera de las dos líneas de foul de tercera y primera. Aquello se convertiría en un espectáculo que tenía unas dimensiones de “ego político” y “ego personal” de parte de unos hombres parados ante el tiempo y espacio de la vida. El pelotero americano mira al árbitro y este se quedó como si con él no fuera la cosa. ¡Que diablo es esto, que estoy haciendo, le estoy siguiendo el juego a Castro!, replicó para sí. No podía quedar mal ante tanta gente tirar por el piso al “ Tío Sam”.

Castro comienza su “Wind up” y le sirve una curva pegada al cuerpo en el primer lanzamiento. Bola una, dice el árbitro, Castro se sale de la goma de lanzar y camina unos pasitos atrás. Increíble pero cierto el árbitro le comenta a Hoak: “Tienes que hacer el swing temprano por que los lanzamientos vienen por la goma y tendré que cantarlos strike.

Hoak pensó: ”Si le hago swing fuerte y temprano a la bola podía matar con una línea silbante a alguno uno d esos estudiantes que estaban parados por tercera”. Exactamente, en el segundo lanzamiento Castro dispara una recta con velocidad y Hoak conecta de foul sobre la cabeza de los estudiantes que se tienen que mover rápidamente para no ser golpeados. Castro nuevamente sobre la loma y en su gallinero se prepara para el tercer lanzamiento dispararando otra recta a velocidad la cual el bateador conecta de foul hacia las gradas.

Con dos strike en su cuenta el bateador se dice para sus adentros: “Si Castro me poncha habrá conquistado a Washington D.C. En esta ocasión  el temperamento de Hoak se calienta, luego de haber estar tranquilo durante la primera parte de la afrenta.

La sangre comenzó a hervirle a Hoak y dijo en su mente: “A MI NO ME IMPORTA TENER QUE PELEAR CON CASTRO Y LOS TODOS LOS ESTUDIANTES QUE ESTAN PRESENTE, SI ME OCURRE ALGO, ESO SI,  TENGO UN BATE EN LA MANO PARA RESPONDER”

A momento pensando las cosas bien Hoak se vira y le replica al árbitro: “Yo tengo una carrera por delante en las Grandes Ligas y dinero que ganar y no voy a quedarme aquí parado y recibir un pelotazo en la cabeza de parte de este señor, así que me voy a retirar de esta idiotez”.

  No pasaron ni 5 segundos cuando el árbitro llamado Miastri muy fino en su trabajo decide acabar con la comedia informando a la policía  que debían que retirar Castro para proseguir el juego. Cuando los policías escoltaban a Castro fuera del terreno sus zapatos negros eran blancos.

De esta manera amigo lectores ocurrió este suceso interesante por demás. Luego de los años Don Hoak replicó en una entrevista: “FIDEL CASTRO DEBE HABER SIDO LANZADOR EN VEZ DE PRIMER MINISTRO”